Debate Abierto: El ¿Siglo? de la ¿Filosofía? en la Europa Medieval ¿Cristiana?

3 Dic

En el debate organizado por el Seminario Permanente de Filosofía Medieval el día 28 de noviembre de 2013, sobre el sentido de proponer la existencia de un «siglo de la filosofía en la Europa medieval cristiana», localizado simbólicamente entre 1250 y 1350, se acordó promover un debate abierto en el blog del Seminario sobre esta cuestión.

Como aportación personal, resumo los argumentos que expuse en la reunión.

1. Todo el extenso periodo anterior al siglo XIII está dominado, sobre todo en oriente, por un tipo de pensamiento neoplatónico, que constituye una agrupación sincrética de doctrinas, alimentada por los comentarios a los textos de filósofos como Platón, Aristóteles o Plotino de las escuelas, los comentarios a esos comentarios, los principios doctrinales de las religiones monoteístas, y, fundamentalmente de cristianos y musulmanes, las doctrinas de otras creencias religiosas orientales, los escritos mágicos, proféticos, nigrománticos, etc.

2. En la Europa cristiana latina en esos siglos, predomina una cultura monástica, que utiliza los estudios de las artes liberales como un instrumento para los fines del confortamiento espiritual  la predicación.

3. En las primeras décadas del siglo XIII tiene lugar en el occidente cristiano un proceso de recepción y apropiación de los textos filosóficos del neoplatonismo árabe, que traducían y comentaban los originales greco-bizantinos-cristianos, e, incluidos en ellos, la versión de las obras de Aristóteles elaborada por Averroes. Esta apropiación tiene lugar en un espacio de mediación entre el poder espiritual y el poder temporal: la universidad cristiana. Por ello, la crisis averroísta, lejos de significar, como en oriente, el colapso de las escuelas filosóficas, promueve un movimiento de proliferación e intensificación de los estudios filosóficos.

4. Los philosophi medievales son los maestros de la facultad de artes que hacen del estudio, comentario y enseñanza de los textos filosóficos su profesión. Pero, mucho más trascendente para la filosofía es el intento de Tomás de Aquino de elaborar una verdadera «síntesis» –no sincrética– aristotélico-cristiana de la teología filosófica.

5. Este intento es único y fugaz. Tomás es considerado enseguida por los teólogos «agustinianos» casi tan sospechoso como los philosophi. Cuando recupera su prestigio, ya se le ha interpretado de un modo en que se eliminan las aristas naturalistas de su pensamiento, desde una nueva «síntesis escolástica», que acabará dando como resultado el neotomismo como doctrina filosófica oficial de la Iglesia.

6. El criticismo escolástico, iniciado por Duns Escoto, construye en la primera mitad del siglo XIV una nueva racionalidad escolástica fundada sobre principios teológicos: la causación sobrenatural, la moral del pacto, el poder absoluto de Dios y los príncipes. 7. Hacia 1350 muere Guillermo de Ockham en la corte del príncipe Luis de Baviera. Es la señal anunciadora de que la filosofía va a abandonar la universidad y se va a instalar en las cortes principescas centroeuropeas. Frente a la pluralidad de poderes característica del medievo en la era universitaria, la exacerbación del conflicto religioso y la unificación estatal, y política conducen al trágico cambio que concluye en la condena de Juan Hus en 1415, el primer maestro condenado a muerte en doscientos años. La no exenta de peligros libertad del debate filosófico en el ámbito de mediación universitario está siendo sustituida por las hogueras con que se defiende el poder político.

Francisco León Florido

No quisiera yo tampoco dejar de realizar una pequeña reflexión y resumen de lo debatido en la sesión del Seminario desde mi punto de vista.

No resulta exento de polémica (en el sentido de lucha intelectual) hablar de que el periodo que va de 1250 a 1350 sea el “Siglo de la Filosofía”. Esto, si no se explica bien, podría parecer que en el tiempo anterior no existía filosofía. El periodo medieval anterior al siglo XIII, sin embargo, se nutre de una rica reflexión, no solo teológica, sino específicamente filosófica. La elección de una fuente filosófica especialmente dominado por el espíritu platónico por la naturaleza de las fuentes (neoplatonismo, agustinismo principalmente) no supone ninguna reducción filosófica, toda vez que estas mismas asumen otras referencias del pensamiento clásico que se pueden observar en múltiples formas. Es señalada y está muy estudiada la presencia de los autores (y la mentalidad) de la antigüedad tardía en le pensamiento medieval, no solo por la absorción de la cultura pagana por mediación de los Padres (Mario Victorino,  o Agustín de Hipona), sino porque la propia filosofía platónica y neoplatónica así lo realizan. Es verdad que las relaciones entre pensamiento pagano y cristiano resultan problemáticas, peor su influencia se hace evidente por ejemplo como ha demostrado Luisa Valente en Pedro Abelardo donde es sobre la base de estos autores y de la imagen de los filósofos antiguos que diseña el concepto de filosofía como forma de vida. Autores clásicos como Cicerón, Séneca, Plinio, Aulo Gellio o Padres como Agustín, Jerónimo, Ambrosio o Tertuliano discurren por los florilegios de la Edad Media, no solo filósofos, sino clásicos como Virgilio se hacen presentes, por ejemplo en Alain de Lille. Qué decir del siglo XII. Siglo en el que las traducciones (no solo del árabe) nos acercan las obras aristotélicas (como los Analíticos Posteriores traducidos por Jacobo de Venecia). Escuelas como las de Chartres (y Toledo), así como la salernitana ayudan a una reflexión sobre filosofía natural de gran significación filosófica, en lo que es una gran revolución de la cultura científica. No menos que los de las teologías simbólicas, porque el neoplatonismo y la cultura platónica asimilada por el cristianismo y la teología monástica profundizan una metafísica de gran altura, ya que el establecimiento de la teología como disciplina científica supone una profundización de la necesidad formal y lógica de los conceptos de ars y scientia. La cultura monástica no se adviene solo a la forma de la predicación y sermocinal, y aún esta tiene grandes lugares teológicos y filosóficos (nótese la filosofía natural que aparecen en numerosos sermones), sino que otras escuelas (palatinas y urbanas) desarrollan temáticas propias de la filosofía especulativa, científica, prácticas (ética, política y pedagogía) y metodológicas (lingüísticas y lógicas). Y todo esto anterior a la Universidad. Y es que ¿alguien puede negar que la concepción del lenguaje de Agustín no es filosófico? (baste ver la reflexión desde la filosofía del lenguaje que realiza Francesco Bottin en Percorsi medievali per problemi filosofi contemporani). Sin negar la importancia del periodo que nos disponemos a estudiar y dela conciencia especial que va a surgir de la filosofía como espacio “tentado” a abandonar la “sabiduría” para ir al “auxilio” de la ciencia como arte para desarrollarla, y por consecuencia iniciar el camino de la limitación conceptual del campo semántico de la propia filosofía, sin embargo es preciso ver que la importancia de este siglo no viene por su exclusividad, ni por la “sequedad” sincrética del periodo anterior. Sino solo se trata de los frutos del árbol filosófico que se construye en el largo periodo de la Edad Media. El fruto es hermoso, puede ser comestible y ocmo semilla puede brotar, pero sin el tronco, sin las ramas, sin las hojas, sin las raíces que le dan el nutriente y sin el sol que las ilumina no hay nada que hacer.

Manuel Lázaro Pulido

 

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A propósito del debate celebrado en el seno del Seminario Permanente de Filosofía Medieval el pasado 28 de noviembre, centrado en la pertinencia de su título, a continuación resumo lo esencial de las opiniones que expresé:

1. Con carácter general, considero que dicho título es acertado, por más que  la alusión al “siglo de la filosofía” no deje de ser polémica. Este cierto “sensacionalismo” del título, se justifica en todo caso, en la medida en que pretende subrayar la  capital importancia filosófica del periodo 1250-1350 en la Europa cristiana, y supone una impugnación a la generalizada ignorancia y desatención de que es objeto en el ámbito académico. En cualquier caso, sí acierta a calificar de “siglo de la filosofía” a una etapa que reúne la reflexión de una serie de pensadores imprescindibles  para comprender, no sólo los antecedentes, sino también los derroteros de la filosofía posterior. En particular, de Tomás de Aquino, Duns Escoto y Guillermo de Ockham, quienes elaboran matrices de pensamiento que, o bien resumen el clasicismo pagano en su versión cristiana, o bien prefiguran las líneas fundamentales de desarrollo de la modernidad filosófica.

2. Por lo que se refiere a cuestión de si la filosofía cultivada en este periodo se subsume o no en la teología (en rigor, en las distintas teologías), pienso que debe admitirse el condicionamiento que el dogma cristiano ejerce sobre los pensadores aludidos. No obstante, su condición de teólogos no impide la consideración de su obra filosófica en sus propios términos, lo que permite admitir, con esos matices, la existencia de la filosofía medieval. Por lo demás, y en tanto sostengo la continuidad estructural del pensamiento moderno con el medieval, si se considera que la filosofía del bajo medievo es un mero apéndice de la teología,  debería entonces admitirse el fundamento teológico de la filosofía moderna, que dudosamente podría ostentar dicho título.

3. Por último, y en relación con la inclusión en el título del término “cristiana”, entiendo que resulta oportuna por dos motivos principales. Uno, porque en comparación con las otras filosofías medievales concurrentes, la filosofía cristiana alcanza un grado de desarrollo y de continuidad en el tiempo notablemente mayor. Otro, si cabe de más peso, porque es la filosofía cristiana, y no otra, la que conforma una parte sustancial de la tradición intelectual occidental, la que elabora sus grandes conceptos e inaugura y da forma a sus grandes temas. La negación de la índole cristiana del un periodo crucial de pensamiento en virtud de un criterio de “oportunidad académica”, supondría tanto un llano falseamiento de su auténtico sentido, como una ocultación de la importancia del cristianismo en la configuración misma de nuestra civilización.

Juan Carlos Utrera García

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